 | Popayán es reconocida en nuestro país por las procesiones de Semana Santa. En sus orígenes que se remontan a 1556 “Los pasos” cargados por hombres humildes, eran armados en sencillas andas, sobre las cuales iban las imágenes traídas de España por los conquistadores. Narra el historiador José María Arboleda Llorente, en su libro "Popayán a través del arte y de la historia", que en aquella época las personas más notables de la ciudad tenían por costumbre salir detrás de las procesiones azotándose, cargando cruces y ejecutando otras penitencias. |
Con el correr del tiempo, el desarrollo de la minería, del comercio y de las haciendas, se vio reflejado en el aumento y enriquecimiento artístico de los pasos y en la introducción de nuevos elementos en los desfiles sacros. No se sabe con exactitud cuáles fueron los pasos que integraron las primeras procesiones; se supone, dice la revista editada por la Junta Pro Semana Santa en 1958 con motivo del Cuarto Centenario de esta tradición religiosa, que fueron San Juan, El Cristo y La Virgen, dado que tales imágenes figuran siempre en todo calvario. Tampoco se ha podido establecer cuál era el recorrido que hacían por la ciudad esos desfiles procesionales. Lo que sí ha trascendido es que de la Catedral salieron las procesiones durante el siglo XVII y que su recorrido era importante. Igualmente, que el civismo y ornato se impusieron como norma para darle todo el realce a esta celebración. Una especie de decreto municipal, que reposa en el Archivo Histórico de la Universidad del Cauca, ordena el enlucimiento de la ciudad. Es decir, que esa disposición que rige para la Semana Santa, tiene una tradición de siglos. En el documento, fechado el 29 de marzo de 1675, el Maestro de Campo don Miguel García, Gobernador y Capitán General de las provincias y Gobernación de Popayán, ordena que todas las personas, vecinos y moradores, limpien cada cual la parte que le pertenece de la calle y solar, "dejándolas buenas y tratables como es notorio, atendiendo a que el presente tiempo es cercano a la Semana Santa y que las procesiones de ella han de andar por las calles..." La pena establecida para quien incumpliera esa disposición oficial, era de cuatro patacones, suma que se destinaba para la cera del monumento. Tomado del periódico INFORMATIVO TRANSIPIALES edición abril 2009. |